cocinando |
![]() |
|
|
Se muestran los artículos pertenecientes a Febrero de 2006.
(C) Alfonso Merelo 2006 Inicio con este articulito una serie, que se irá escribiendo cuando se pueda, dedicada a comidas o bebidas que hayan tenido algún tipo de relevancia en la cinematografía o en la pequeña pantalla. El comienzo tenía que tener como referencia inexcusable la serie de películas de James Bond. Este personaje fílmico, en sus diferentes encarnaciones pero siempre con el referente de Sean Connery, es un mujeriego, ludópata, asesino sin escrúpulos, amoral y sibarita “gentleman”. Cómo tal, tien unos hábitos de vida supuestamente exquisitos. De ahí sus gustos “refinados” como el caviar, el champán frances –Bolinger RD, por ejemplo- los coches –Aston Martín-, los casinos, las bellas mujeres y como peculiaridad los cócteles, o mejor: un cóctel. El cóctel Bond es el que nos lleva a escribir este artículo. Siempre pide un wodka-martini “shaken not stirred “, es decir agitado, no removido. El martíni tradicional se elabora a partir de ginebra y vermouth blanco seco con hielo picado y removido. Una de sus variantes es el martini blanco dulce, que cambia el vermouth seco por su variedad dulce. Pero el que nos atañe es una variante del martini que incorpora el vodka como elemento aromático. Una de las características de este cóctel es su sequedad. El vodka ha de tomarse frío y a poder ser helado. La mezcla con el vermouth lo hace una bebida muy poderosa y espléndida para iniciar una conversación. Ese es uno de los secretos de Bond. La receta es la siguiente: 3 partes de ginebra Gordon´s (yo prefiero Tanqueray pero la original es con Gordon´s 1 parte de vodka ruso. (Elijan su marca) ½ parte de vermouth blanco seco. (En la receta original se usa el vermouth francés Kina Lillet) En la coctelera se mezclan los elementos y se añade hielo. Se agita y servimos el cóctel. El agitado responde a la necesidad de enfriar el vodka pues, éste, gana en propiedades al enfriarese. Esta receta es la bebida preferida del agente 007, que le permite ligar con actrices como Ursula Andres, Diana Rigg, Barbara Bach o Carole Bouquet. Pruébenlo con su pareja, con su ligue o con los amiguetes. Pero cuidado: su graduación es muy alta; uno puede ser magistral, tres casi seguro que estropean una velada. © Alfonso Merelo 2006 MESÓN LA TROYA Plaza Mayor, 10 Trujillo (Caceres) Tlf: 927 321 364 El mesón-restaurante del que hoy hablamos, se sitúa en el espectacular marco de la Plaza Mayor de Trujillo. La ciudad de Trujillo, situada muy cerca de Cáceres, es famosa por su espectacular configuración y por su historia. Allí nació Pizarro o Francisco Orellana, el descubridor del Amazonas. La Plaza Mayor es una recopilación de lo que ha sido la ciudad histórica. Allí se encuentra el Palacio de la Conquista que destaca sobre las restantes edificaciones. En esta plaza se celebra todos los años la feria internacional del queso, que da un intenso y extraordinario aroma a las calles de la ciudad. Extremadura es tierra de carne, como es lógico, y de carne de cerdo ibérico. Néstor Luján escribía: "La cocina extremeña es seria, grave, austera, como conviene al país. Sus grandes platos pastoriles, camperos, venatorios son: la caldereta de cordero, la perdiz al modo de Alcántara con criadillas de tierra, los chorizos, los jamones de Montánchez, el gazpacho extremeño, la pata de cabrito al estilo de Badajoz, el frito, los amorcillos y el tuétano de vaca, la cachuela y finalmente el cocido." Indudablemente este tipo de cocina es muy básico y poco dado a exquisiteces tecnificadas. Pero esa cocina primordial, en la que el producto se ofrece sin adornos que lo enmascaren, es un regalo para el paladar y el estómago, que puede comprobar que aún se puede saciar el hambre con sabores de siempre y sin añadidos de laboratorio. La Troya es un mesón que fue inaugurado 100 años atrás. A juzgar por el inmenso tesoro fotográfico que cuelga de las paredes, media España debe haber pasado por ese mesón tan singular. La primera referencia que tuve del local fue la de mi director de I+D. Iba a viajar a Cáceres y me recomendó que si pasaba por Trujillo no dejara de ir a La Troya. Siguiendo el consejo, acudimos a ese mesón un día frío de diciembre. Éramos dos personas a las que les gusta comer, pero que no comen en exceso. Cuando llegamos estaba el mesón lleno, pero encontramos una mesa para dos. Lo primero que te sorprende es la rapidez del servicio. Sin tiempo para decir buenas tardes teníamos en la mesa una tortilla de patatas, una ensalada, una botella de vino de litro, una de agua, una de gaseosa y un plato de chacina. Esto es la cortesía de la casa para empezar. La carta es variada pues ofrece una treintena de primeros platos y lo mismo de segundos. Entre la amplia oferta de primeros platos están desde la migas hasta unas excelentes judías verdes con jamón o huevos con chorizo o revueltos variados, sin olvidar platos pensados para niños como spaguettis o pizzas. Los segundos son mas contundentes y predominan las carnes de caza y el cerdo ibérico. Todo acompañado de vino de la casa y gaseosa si se quiere y agua. También se pueden pedir refrescos o cervezas. Con este panorama inicial nos propusimos tener una indigestión y comer “bien”. Los primeros platos fueron unas judías verdes con jamón y un plato de migas con chorizo. Excelentes ambas y que no pudimos acabar, reservando huevo para el siguiente plato que consistió en prueba de matanza para mí y venado en salsa para mi acompañante. La prueba de matanza consiste en un pato de carne adobada y simplemente refrita sin mas aditamentos. El truco está en el adobo que recuerda sabores de pimentón y especias como el orégano o el clavo. El venado estaba guisado con vino tinto y fuertemente especiado que le proporcionaba un agradable olor y mejor sabor. Ente primero y segundo plato, la casa nos ofreció una ración de carne en salsa, esta vez cerdo ibérico, a tenor de su sabor. El postre, un tocino de cielo aceptable y una tarta de almendras excelente, fue el remate de este verdadero atracón de comida. La Troya es desmesura y abundancia. Es recrear en una hora las pantagruélicas comidas de nuestros antepasados. Es colesterol, triglicéridos y gota, pero es autenticidad porque al ser tan primaria nada se esconde y sólo se muestra la bondad de un producto que no necesita casi nada para resultar delicioso. El precio es el mismo para todos. Cuando yo pasé por allí, hace unos tres años, era de 20 euros. Un precio mas que competitivo para lo que se ofrece Si pasan por Trujillo, prueben un día este mesón. Le garantizo que no quedarán defraudados. © Alfonso Merelo 2006 |